Petit: “el ajedrez sirve para pensar (…) mucho más en una cárcel donde justamente hay pocos instrumentos y pocos espacios para pensar y para organizarse la vida”

Conversamos con el Dr. Juan Miguel Petit, Comisionado Parlamentario Penitenciario sobre ajedrez y educación en contextos de privación de libertad.

La disposición del Dr. Petit a la realización de esta entrevista -a pesar de su agenda- fue excepcional. El encuentro tuvo que darse más tarde de lo previsto ya que su presencia fue requerida para la resolución de un problema de carácter urgente. Una vez que nos pudo atender recibimos toda su atención y pienso para conversar con Ajedrez para la Convivencia sobre temas de educación en contextos de privación de libertad. 

Juan Miguel Petit nació en 1957, es Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, ha trabajado en políticas sociales y en periodismo. Director del Consejo del Niño e Instituto Nacional del Menor (actual INAU) (1985-90), Gerente Técnico del Centro Nacional de Rehabilitación (2001-2005), Relator Especial de Derechos Humanos de Naciones Unidas (2001-2007), Asesor en Derechos Humanos de Naciones Unidas (2007-2015). Consultor de la Organización Internacional para las Migraciones sobre trata de personas y explotación sexual comercial. Fue cronista del semanario Opinar (1980-83), Redactor Responsable del semanario Jaque (1983-85), editor del semanario Tres (1996-2001), periodista y conductor en radio El Espectador y el diario El País (2001-2007). 

Ha publicado artículos en medios especializados sobre diversos aspectos de las políticas sociales para la infancia, la prevención social de la violencia y la reforma penitenciaria. Como Relator Especial de derechos humanos condujo 9 misiones de visita a diversos países. Recibió, junto a otros colegas, el Premio Vladimir Herzog de Amnistía otorgado por la Orden de Abogados de Brasil y Derechos Humanos y el Rey de España otorgado por la Agencia Efe y la Agencia de cooperación Española por la denuncia de la muerte por torturas en una unidad militar en 1983 del médico uruguayo Vladimir Roslik. Fuente

Diseño: Alexey Chugunnikov – «Ajedrez «Aplicación de la Ley»»
«Descripción: Por un lado están los representantes del mundo criminal. Por otro lado, agencias de aplicación de la ley, funcionarios de seguridad». Traducción del ruso: Google Translate Fuente

“La Constitución establece en su artículo 26 que el objetivo de la cárcel es «re educar» y lograr la «profilaxis del delito». O sea que la privación de la libertad es para educar y prevenir la violencia. En otras palabras: construcción de ciudadanía, preparación de personas aptas para vivir en libertad con los demás  a partir de un ambiente educativo que permita aflorar o promover lo mejor de cada uno.”

“El contexto educativo, la propuesta pedagógica de cada centro, es lo que abre las puertas para las políticas sociales que hacen posible la dignificación humana”.

(2018) Informe Anual, Comisionado Parlamentario Penitenciario (pág,89)

-Para empezar nos gustaría que nos contara algo de su trayectoria. Sabemos que tuvo oportunidad de conocer experiencias a nivel internacional sobre lo que es el trabajo en cárceles…

-No sé si tantas. Algunas cosas diversas. Esto es un aprendizaje permanente, yo siento que estamos empezando permanentemente. Además la realidad también va cambiando, entonces lo que uno sabe está sujeto también a cambios.

Yo he visto distintos tipos de lugares de privación de libertad. Algunas de medidas penales, de ejecución penal. He visto centros de adolescentes. No sé, en una decena de países. Vi centros para detención de migrantes, muy duros por ejemplo en Grecia. Y he visto cárceles en Argentina, en Uruguay, en Paraguay, en Estados Unidos para jóvenes.

-¿Cómo están nuestras cárceles, respecto a esa realidad internacional?

-Yo creo que estamos bastante por debajo de lo que podríamos estar. América Latina tiene algunos de los peores sistemas. Tiene algunos sistemas que están muy estructurados en base a la autoridad y lo policial muy rígidos. Otros sistemas también totalmente destruidos como en Brasil y en Centroamérica; pero hay varios lugares donde se discute mucho y se está avanzando. Uruguay tiene algunas cosas donde se apunta a un camino diferente y otras que siguen el camino tradicional, pero todavía no termina de consolidarse en una cosa ni en la otra.

Seguimos en una especie de mitad de río. Existen algunas experiencias muy interesantes, por ejemplo cárceles chicas como la de Juan Soler -una cárcel de 130 personas- pero tenemos un COMCAR con 3600; que se empezó a dividir, pero sin todos los recursos que necesita. Claramente, se necesita un impulso muy fuerte de la política pública donde se transmita que esto tiene que ser sostenido por muchos organismos.

-Usted afirmaba, “Tenemos que pensar en un modelo de cárcel del siglo XXI, la prisión es un tema de educación, salud pública, e integración social”. En relación a eso ¿hay una tensión entre las políticas sociales y la demanda social?

-Este es un gran tema porque la base de la política social es que exista un problema que se crea que se puede resolver. Entonces, si no se cree que se puede resolver y que sólo es un problema; es muy difícil que se construya una política pública en torno a ese problema. Es decir toda la cadena de construcción que parte de la opinión pública, el sistema político de toma de decisiones, es decir, todos los organismos que enlazan con el Poder Ejecutivo, el Poder Judicial, el financiamiento, todos los organismos: salud, educación, cultura, deporte. Entonces, desde el momento que la opinión pública no tiene claro el sentido de la cárcel y la importancia estratégica que tiene, se vuelve difícil.

Porque todo el mundo sabe para qué sirve un hospital, para qué es una carretera, para qué es una zona franca. Pero la cárcel sigue siendo -cómo está tan vinculado a los sentimientos- está tan vinculado al miedo, al instinto de conservación, a la seguridad, al rechazo de la violencia, al impacto que obviamente a todos nos genera, cuando ves una noticia de violencia, de un homicidio. Entonces obviamente la reacción frente a los autores de eso es de rechazo y se pierde de vista que los autores de los delitos extremadamente violentos son un porcentaje muy bajo.

Es como el coronavirus. A la fecha la mortalidad del coronavirus creo es del 2%. Leí en un artículo que es mucho menor al del virus de la influenza por ejemplo. Pero claro, el bombardeo mediático permanente te lleva a pensar que hay altos riesgos de que si me tomo un avión me contagie. Entonces, eso ya nos dibuja un panorama que no es exactamente el real.

-Y no se naturalizan las cárceles como espacios de rehabilitación social…

-Claro, tenemos muy incorporada la idea de que a la cárcel se va a pagar. ¿Cómo se paga? El preso con las rayitas, contando cuántos días le quedan en su celda, donde se le tira un plato de comida y la persona espera allí. Cambiar eso es una tarea que implica múltiples actores explicitando la finalidad de la pena y también difundiendo y generando más acumulación de actores. Se necesitan más actores, academia, sociedad civil; éste es un tema que tiene muy poca gente interactuando. En cualquier tema que elijas tenes: sindicatos, empresarios, el lobby de tal cosa, o la asociación de tal otra, o el grupo internacional de;  entonces claro, se produce una acumulación y finalmente una ruta. 

Pero, en este tema, hay muy poca acumulación. Parte de esto es lo que hay que hacer ahora, trabajar en red, articular organismos, eso que decíamos de que la política carcelaria tiene que ser una política social. Tiene que ser un tema de salud pública, de desarrollo social, de educación.

-Entre todos estos actores que intervienen, ¿hay un sentido común en relación a cuál tiene que ser el fin del sistema carcelario? Por lo menos desde afuera, parece que hubiera una tensión entre el concepto rehabilitador -más relacionado al sentido social que la cárcel está demandando y que debiera integrarse a lo que pasa afuera, al después en contraposición a un sentido punitivo muy fuerte. 

¿Hay coherencia entre los actores protagonistas portadores de estas dos visiones?

-Hay una finalidad común que está dada por las normas, parte de la Declaración Universal, por el pacto internacional de derechos civiles y políticos que dice que la finalidad de la privación de libertad es el tratamiento. Este incluye salud, educación, trabajo -básicamente y entre otras cosas-. Entonces la cárcel es para eso. Después tenes la norma constitucional que dice que tiene que ser para reeducar. Lo que no hay todavía es un modelo, una gobernanza, donde todos los organismos vuelquen y que todas esas facetas o dimensiones estén presentes. Esto sí genera distintas tensiones y sobretodo vacíos.

-Sabemos que el Comisionado Parlamentario tiene como función asesorar al Poder Legislativo sobre temas vinculados a la situación de las personas privadas de libertad ¿qué logros podría destacar acaecidos durante su mandato en relación a aspectos que tengan que ver con lo educativo concretamente?

-Es muy difícil evaluarse a sí mismo y hablar de los resultados que uno mismo ha logrado, pero yo creo que la Oficina ha logrado poner sobre la mesa varios temas que estaban en las sombras. Por ejemplo el analfabetismo. El tema de que el CODICEN tiene que estar presente en las cárceles. El tema de que la Ley de Educación no incluya a las personas privadas de libertad; habla sí de la educación de adultos, pero no especifica nada. Hay mucha más presencia de la educación en las cárceles ahora, hay un 25% de personas que tienen educación formal pero con contenidos que no son los adecuados en el sentido de que no son adaptados a personas privadas de libertad, son los mismos cursos que para adultos fuera de la realidad carcelaria. Es decir, tener la posibilidad de rápidamente ir terminando ciclos con una pedagogía en particular; no se ha logrado trabajado en eso aún. No se ha trabajado en ese programa, hay muy poca capacitación laboral. Creo que eso lo hemos puesto sobre la mesa -otros actores también, pero hemos colaborado-. 

Sobre educación en el COMCAR, colaboramos con blanquear el tema del analfabetismo. Esto ayudó a que se hiciera una evaluación de los niveles educativos que había en el sistema. Y bueno, poder publicar todos los años y cuantificar revela que no ha aumentado la cantidad de personas que está estudiando. Eso es lo que podemos hacer nosotros, señalar lo que está pasando, comunicar lo que está pasando. Son cifras que a veces no son accesibles para el gran público y que en la medida que nosotros las publicamos en nuestra página y las hacemos públicas en el parlamento, las ponemos a disposición de las autoridades para que tomen decisiones. El problema es que no hay muchos actores reclamando que se tomen decisiones sobre eso.

-¿Es un tema olvidado?

-No necesariamente, es que llegado el momento las prioridades son otras. ¿En qué cámara empresarial planteás esto? ¿Qué discurso sindical, o en qué discurso donde se plantean todos los problemas sociales del país surge este tema? No hay asociaciones de privados de libertad, no hay sindicatos de privados de libertad. Entonces es un tema que está atrasado. Y no es el único, la academia está atrasada en su desarrollo, el diseño arquitectónico de cárceles, la estadística, el tratamiento, la rehabilitación, los abordajes terapéuticos, las políticas para las adicciones.

-La formación del personal que trabaja en cárceles….

-La propia formación del personal que se ha mejorado mucho, pero vinculado a las prácticas. Falta una acumulación de valoraciones respecto a cuáles fueron los mejores métodos educativos, que se busca, etc. Pero bueno hay una enorme cantidad de cosas por hacer, eso también lo vuelve un área apasionante.

-Nosotros tenemos una tasa de personas privadas de libertad bastante alta ¿no? y dentro de esa tasa, también tenemos porcentajes muy altos de personas pertenecientes a los quintiles más pauperizados de la sociedad,

-Sí, eso no está medido exactamente, pero es así.

-Porque ese diagnóstico nos lleva a preguntarnos ¿cómo se llega a estar preso? ¿por qué un trayecto de vida termina privado de su libertad? Saber por qué están presos nuestros presos, también puede ayudar a pensar ¿qué necesitan nuestros presos para no reincidir? 

Nos pareció interesante un planteo que hiciera donde decía que este sistema, por un lado lleva a la reincidencia y por otro que una de las principales políticas de seguridad sería mejorar las condiciones dentro del sistema carcelario… 

Y acá creemos aparece -más vinculado a la tarea que desarrollamos nosotros- el tema de las políticas socioeducativas -no solamente lo relativo al sistema formal- ¿Cómo ve la inserción de las políticas socioeducativas en los espacios educativos del INR?

-Bueno, como decíamos la educación formal ha mejorado, hay un 25% de personas privadas de libertad con algún acceso al sistema formal. Pero la educación es mucho más compleja y la institución debiera ser educativa en su totalidad. Si bien hay de parte del MEC acceso a educación no formal; falta la educación en el trato, en lo cotidiano.

Se trata de hacer cosas con algunos operadores pero no son suficientes, diría que falta abordaje en múltiples dimensiones. En el deporte, en el acceso a la cultura -que es un derecho pero que está muy lejano de los presos-. Habría que concebir todo el espacio de privación de libertad justamente como educativo y la autoridad como algo que te permite sacar las mejores cosas de ti y que te permite crecer. Ya que autoridad no es sólo imponer la estructura normativa del lugar, sino hacerlo de manera que las personas puedan desarrollarse de la mejor manera.

Créditos: Idem fotografía anterior


-El juego, ¿entraría en esta concepción educativa del sistema carcelario que plantea?

-Entendemos que tiene que entrar todo lo mismo que la sociedad tiene afuera. Uno de nuestros leitmotiv es que la cárcel sea un barrio más. Que sea un lugar de convivencia. Cambiando hasta la estructura física de las cárceles, dando señales de que la persona va a volver a estar afuera, su familia lo va a venir a visitar, usted va a salir. Entonces, romper con las tradicionales durezas de los lugares donde se visita; contar con cárceles chicas, adecuadas. Lo cual no quiere decir que no se cumpla la ley y que no haya casos donde tiene que haber mucha seguridad.

Tienen que ser entonces, lugares que tengan esa capacidad. Lugares que cuenten con todos esos elementos con las características propias por supuesto, sabiendo que allí se tiene que dar una intervención estratégica porque es ahí donde llegan los problemas sociales más agudos: salud mental, desarraigo, abandono, problemas afectivos, adversidades, rupturas de todo tipo. 

Al principio me preguntaban cómo se llegaba al delito; se llega de muchas maneras distintas, muchas incomprensibles y a veces inexplicables. ¿Por qué algunos teniendo vidas parecidas no desembocaron en eso y otros sí? Bueno, el perfil típico es población joven, pobre, con algún tipo de abandono de lo educativo, con consumo problemático de sustancias, delinquiendo como estrategia de supervivencia. No hay otra. Y para ellos, una cárcel inadecuada lo único que hace es agravar todo eso. 

Es como un paciente que llega con las piernas rotas, trasladarlo por escalera, se va a afectar más su situación, va a empeorar.

-¿No hay recepción en estos planteos que ustedes hacen?

-O sea, en estos planteos hay mucha gente trabajando hacia esta meta. El objetivo de la reforma penitenciaria que se empezó en 2010 fundamentalmente va en eso. La creación del Instituto Nacional de Rehabilitación, su área de capacitación. Está todo muy detallado en el Informe nuestro. Hay mucha gente empujando en esto. La Universidad está tratando de aportar también, hay mucha gente, no somos una voz en el desierto por suerte.

-Hay un cambio importante del INR en los últimos tiempos, en el trabajo con los operadores…

-Totalmente. En los informes lo van a ver. Claramente ha mejorado, hay un intento de caminar hacia un sistema de rehabilitación que no sea basado en lo custodial y en el castigo.

-¿Sabe jugar al ajedrez?

-Si. Me gustaba mucho. Ahora hace añares que no juego y siempre me digo que quiero volver a jugar.

-Lo vamos a invitar entonces (risas) ¿Qué cree que puede aportar el ajedrez en estos contextos? ¿Conoce alguna experiencia puntual donde se utilice el ajedrez como mediador en procesos de rehabilitación?

-No, no conozco experiencias puntuales pero sé que se usa. He visto mucha gente jugando, he visto ajedrez en espacios públicos. Ajedrez gigantes acá y también en otras ciudades. Me parece que es buenísimo para pensar. ¿Ustedes están en cárceles? 

-Este último año estuvimos en la Unidad 1, en las Rosas, en Canelones, en la Unidad 26 de Tacuarembó, en la Unidad 4 en 2018. Hemos tenido actividades en Rocha, en Salto, bastante tiempo en Campanero. Antes hubo experiencias importantes en COMCAR y en Libertad por la anterior DSEJA. Actualmente vamos por DSEJA, pero tuvimos muchas experiencias distintas, incluso llegamos a ir por UTU.

La verdad es que es muy interesante lo que sucede y es una línea que quisiéramos desarrollar en relación a las posibilidades del Ajedrez para transversalizar aspectos relativos a la convivencia y el conflicto. 

-Siempre oí hablar pero nunca coincidí en verlos. ¿Ustedes tiene más demanda de la que pueden cubrir? 

-Nosotros tenemos muchísima demanda y problemas presupuestales gigantescos. De hecho el año pasado hicimos un taller para los coordinadores de Deporte y Recreación del INR de todo el país. De ese taller nos surgieron demandas de casi todas las Unidades del país pidiendo profesores de ajedrez.

-¿Y cuánta gente mueve, cuantos jugadores van?

-Por grupo, por cárcel tendremos unos 40 -50 .

-¿Y es gente que ya sabe o gente que quiere aprender?

-Hay de todo, se propone para aprender desde cero pero también asisten personas que ya cuentan con conocimientos sobre el juego. Muchos aprenden de cero y muchos de los que ya saben les enseñan a lo demás; se dan procesos muy interesantes con ajedrez.

Un profe que ya se retiró, que fuera presidente de la Federación Uruguaya de Ajedrez y campeón uruguayo: Pedro Lamas – y que tuvo oportunidad de enseñar antes de la experiencia de Ajedrez para la Convivencia– decía en una nota que tuve oportunidad de leer en Brecha, que él, en ajedrez en cárcel re formulaba una de las reglas más conocidas del ajedrez “Pieza tocada, pieza movida”; ya que al quitar esa regla les permitía modificar la jugada. 

Decía que es justamente porque una de las características de la persona privada de libertad es reincidir en el error y a partir de que cometió un error, empecinarse y cometer un error más grande para tapar el anterior y así… Entonces él les decía, que un error se puede enmendar. 

-Está buenísimo.

-Entiendo que mejor sería decir: «No, mantené la jugada» -porque hay algo también de responsabilizarse de la jugada que hiciste- pero ahora, si elegiste un camino que no funciona, virá, no sigas por ese camino. Me pareció interesante ésto por el lado de la metáfora, de lo que implica…

-Yo estoy convencido que estos aportes -como el ajedrez- tienen un campo fértil. De nuevo, lo que sucede es que hay como un cliché afuera de que los presos no quieren estudiar, no quieren trabajar, no quieren hacer nada y que todo lo que se haga se va a perder y no es así.

-Existe una especie de resistencia también de parte del sistema a incluir estas experiencias ¿puede ser?

-Si, sucede que el sistema está muy normatizado y a la vez colapsado. Para los recursos que tiene tendría que tener la mitad de presos. El sistema está muy basado en trabajar con los casos más severos y le cuesta incorporar estas cosas y normalizar la cárcel.

Las Reglas Mandela hablan de normalizar la cárcel, hacerla lo más parecido al mundo. Obviamente hay gente que entra drogas, que entra armas, que quiere cometer delitos. Pero también esto se ve en cualquier barrio, en la cárcel se da que son personas que ya han tenido estos problemas, pero cuanto más intoxicante sea el ambiente peor va a ser. Por eso todo lo que sea oxigenar y que venga de afuera es bienvenido.

-Como para ir cerrando, le vamos a preguntar: si fuera posible desarrollar un proyecto donde el ajedrez se incluyera en la oferta socio-educativa en todos los centros de rehabilitación, ¿cuáles cree que pueden ser los aportes de este juego a la vida cotidiana de las personas privadas de libertad? 

-No sé mucho de ajedrez -apenas jugarlo- pero creo que todo lo que sirva para buscar dentro de la cabeza, para razonar, para pensar, para planificar, para ordenarse, hace bien en cualquier lugar, mucho más en una cárcel donde justamente hay pocos instrumentos y pocos espacios para pensar y para organizarse la vida. 
Por más que es un tablero en blanco y negro, las piezas juegan cosas muy distintas cada una tiene su propia lógica, su manera de ser, hay ahí obviamente un espacio de diversidad, de reglas nítidas y de espacios de creatividad. Creo que por ese lado el ajedrez puede jugar -valga la redundancia del término- un papel muy bueno; aparte cuando se comprende provoca concentración, provoca interés, provoca uso del tiempo, ocupación, se puede jugar en grupo, se puede jugar en campeonatos, se puede jugar solo, se puede aprender, y además ¡muy rápido!. Y ese es otro ingrediente que me parece que tiene muy interesante el ajedrez, es un juego o un arte que se aprende muy rápido, entonces para gente que necesita la gratificación de sentirse que pudo hacer algo, aprender un juego que se ve en la tele, que se ve como algo complicado, como algo reservado para gente muy particular,; en pocas horas o días pueden estar jugándolo, ahí percibo puntos fuertes y ganchos que habría que aprovechar.

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