Sobre Ajedrez y Pedagogía

Temporalmente en una Torre de Babel

por Andrea Pontet

Tocó asistir a la Jornada de Formación de Ajedrez para la Convivencia, espacio en el cual confluimos una diversidad de personas unidas en torno a un tema, el Ajedrez, pero como si habitáramos temporalmente en un Torre de Babel (luego del castigo divino), cada uno de nosotros con su lenguaje, pareciera que no podía hacerse entender… O por lo menos acordar… No obstante las palabras comunes comenzaron a surgir… Y con ellas a construirse la reflexión colectiva. ¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de reflexión? Creo que acordaremos que lejos de reflexión se encuentran los juicios establecidos, o las ideas y conocimientos rígidos aportados por los distintos recorridos y vivencias de las personas que estábamos allí. Lo rígido siempre es distinto de lo reflexivo, y aquí se trató de romper lo rígido para dejarse atravesar por los distintos saberes. 

Se habló del acto educativo, del lugar de los saberes, del rol de quien enseña, de los fines de la educación, del ajedrez, su valor como bien cultural, su valor como herramienta para desplegar y fortalecer habilidades y otros conocimientos. Se habló de derechos humanos, de quienes aprenden, como sujetos de derecho. 

Se presentó al polifacético ajedrez, y la plasticidad de su aparente cuadratura, y como si de un universo multidimensional se tratara, de pronto es ciencia, o deporte, juego, siempre cultura, y como tal un derecho de la humanidad. A su vez, y como si de una mamushka habláramos, cada dimensión presenta sus aristas, entonces de pronto del ajedrez juego nace su aspecto lógico, creativo, emotivo, social… 

Y todo esto, dependiendo de nosotros y nosotras como sus transmisores,  mediadores y generadores de ambientes que provoquen el interés, que promuevan la adquisición de este saber polifacético. ¿Cuánta responsabilidad no? 

Por último y pensando en esa sopa de palabras que pululaban en la pizarra, y luego de escuchar a docentes con tanta experiencia contar cómo enseñan, y a mí misma, con la pretensión de ordenarlo en mi cabeza, comienza a  conformarse un intento de sentido. 

Porque después de todo comprendí que se trata, al menos en este momento, de promover la incorporación de los sujetos a la construcción colectiva del conocimiento. Un conocimiento que es significativo, porque resulta fruto de un proceso personal y no impuesto. Esta enseñanza de ajedrez, inmersa en la acción educativa, es didáctica, porque facilita el aprendizaje de las personas dispuestas a aprender, es política, porque promueve la participación y propicia el acercamiento de las personas a un retazo de la cultura (fortaleciendo ciudadanía), y es humana, tremendamente humana, porque al decir de Meirieu, en La Opción de Educar, educar es promover lo humano y construir humanidad… 

Andrea Pontet 

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