Desde “Nunca Jamás” hasta “Trebejolandia”, nos aproximamos al ajedrez desde la educación inicial

por Jorge González

Digámoslo claramente: la supervivencia del “cachorro humano” depende fundamentalmente de su capacidad de aprendizaje y de comunicación con los adultos de la manada. Por tanto, la capacidad de aprendizaje a lo largo de toda la vida, es una cualidad que “nos construye” como seres humanos.

Y claro, quienes amamos este juego estamos convencidos de los beneficios que tiene el ajedrez para todas las edades. Y entonces nos preguntamos ¿a partir de cuándo podemos comenzar con la enseñanza del juego ciencia?¿Cómo hacemos para introducir este jueguito que tiene piezas de maderitas y tableros con baldosas de diversos colores? ¿A partir de qué edades?

Estas preguntas iniciales nos llevan a pensar otras interrogantes en voz alta ¿cómo nos aproximamos los humanos al conocimiento? Y sobre todo ¿cómo ocurren los aprendizajes?

Entonces enunciamos que el aprendizaje en el ser humano, es un proceso que se desarrolla a través del tiempo y que este aprendizaje es siempre continuo, progresivo e inacabado. Y para que este aprendizaje ocurra tiene que existir un ambiente propicio, materiales, metodologías y la figura de un otro que figure como mediador y acompañante del proceso de aproximación al conocimiento.

Y entonces viene bien recordar que en Uruguay, la educación inicial formal, tiene tres especificidades sin las cuales no sería posible pensar los procesos de enseñanza aprendizaje: el juego como metodología por excelencia de aprendizaje, la ambientación de todos los espacios y una mirada y un trabajo de áreas de conocimiento integradas.

Dijimos que el aprendizaje acontece en un proceso de sucesivas aproximaciones. De esa forma aprendemos nuestra lengua materna, aprendemos a bailar, a leer y a escribir y por supuesto también aprendemos ajedrez.

Y regresamos a la pregunta inicial. Entonces ¿A partir de cuándo enseñar ajedrez? ¿Hay un momento inicial? ¡Caracoles! ¿Para que el niño aprenda a moverse, nos hacemos también la misma pregunta? ¿Y para que aprenda a hablar? ¿Esperamos que el niño tenga la destreza de hacer “la carretilla” para enseñarle “la vuelta de carro”? ¿O esperamos que pronuncie y articule correctamente para comenzar a enseñarle a hablar? ¿O son procesos que van aconteciendo en tiempo real y “simulcast” casi como sin darnos cuenta? 

Recordemos que los primeros 1.000 días de vida en el desarrollo de cualquier criatura humana son esenciales.

¿Por qué? Porque la maduración del Sistema Nervioso en el niño acontece a través de un diálogo entre lo que traemos hereditariamente, el entorno y sobre todo los estímulos que recibamos de los adultos de la manada. 

Estos estímulos, si son pertinentes, van a favorecer la arborización de las dendritas del “bio parque neuronal”, la especialización y reforzamiento de ciertas carreteras y caminos por donde transitarán los impulsos nerviosos que transmiten y reciben información sensorial y la poda selectiva que redunda en mayor eficacia y eficiencia en conectividad neuronal.

Por ello creemos que nuestra mayor tarea como educadores es facilitarles a los niños un verdadero bombardeo de experiencias visuales, corporales, cenestésicas, musicales, táctiles que les permita generar huellas de experiencia de tal forma que tengan una aproximación a las más diversas formas de expresión y de conocimiento.

Esto les posibilitará sensibilizarse y experimentar el universo a partir de huellas de experiencias vividas en sus más tempranos años.

Creemos que con los más pequeños el aprendizaje debe de comenzar por los objetos concretos. ¿Y que más concreto que esas bellas piezas de madera talladas a mano? Piezas que se pueden agarrar, oler, lamer, morder, chupar, lanzar y hacer sonar. Piezas que se pueden experimentar desde la sensualidad de lo sensorio motor. Y sobre lo sensorio motor poder ir construyendo juntos el lenguaje y el universo simbólico. Los pequeñitos aún antes de adquirir plenamente el habla y antes de dejar los pañales, toman las piezas de madera con sus manos y juegan con ellas; insuflándoles vida, voz y movimiento y haciendo que interactúen unas con otras. “Yo soy el caballo, salto y defiendo a mi rey” “Yo soy la torre donde habitan princesas y hadas” “Yo soy la reina, la más linda de todas”.

Entonces sean bienvenidas todas las rondas de chicos sentados en el suelo, acompañando con movimientos de manos o sin ellos, recitando y cantando “el peón va para adelante pero nunca para atrás” y “¡Ay ay ay me colgué la dama!” entre otras. Bienvenidos todos los óleo pasteles, masas de modelar y dactilopinturas que embadurnen nuestras caras y cuerpos así también como torres, caballos y peones.

Como educadores creemos muy importante estar atentos a la particular y singular forma que cada niño tiene de procesar la realidad. Y estar muy alertas a las inteligencias que el niño tiene desarrolladas con más fuerza. ¿Se relaciona e ingresa datos de la realidad a través de moverse y desplazarse? ¿Lo hace a través de una entrada más visual y espacial? ¿O lo hace de un modo más rítmico y musical?

Poco a poco vamos descubriendo lo obvio. Cada niño es único e irrepetible. Cada uno tiene sus propias formas de conocer y de expresarse. Y cada uno tiene sus particulares tiempos y ritmos de aprender de la realidad que le rodea.

Pues entonces, deberemos estar muy alertas y atentos a los momentos de desarrollo afectivo, social y cognitivo de los niños. Y los tiempos y capacidad de concentración en una actividad dirigida.

Por ello, para trabajar con los más pequeños la construcción de “vínculos” desde la esfera afectiva es fundamental. Asumiendo el desafío de ser educadores integrales, comprometidos, creativos y afectivos. Por ello decimos claramente: todos nuestros niños se merecen nuestra responsabilidad. Y eso significa ser serios y rigurosos en la forma de planificar y proponer formatos de aprendizaje para los más pequeños. 

Y ahora retornamos al material concreto y poco estructurado como la masa de modelar y el barro. Recordemos que cuanto más “poco estructurado” sea un material “más trabajo lúdico” será el que tendrá que realizar el niño para desarrollar una actividad de juego.

Y de esta forma vamos descubriendo que existen “baldosas” “casitas” o “casillas” que tienen un color y también tienen otro diferente. Y se llena de sentido que existan torres rojas y caballos color verde manzana y también baldosas naranjas y azules.

Y poco a poco comenzamos a inteligir que a cada pieza le corresponde una casilla y que no puede haber dos figuras ocupando la misma casita. Y vamos descubriendo la correspondencia pieza – casilla. Y si avanzamos un poco más nos vamos sumergiendo en actividades de pre ajedrez donde utilizando algunas piezas vamos comprendiendo e incorporando sus movimientos a través de laberintos de torres y “come come” de caballos.

No en vano el Cubano José Raúl Capablanca tuvo la destreza de aprender el juego observando solamente como jugaban los veteranos de su entorno a la edad de 4 añitos.

Entonces no preguntamos ¿cuál es la puerta de entrada al aprendizaje en los primeros años de vida?

Y creemos que dadas las condiciones del ambiente todo estimulo pertinente empuja y abre alguna de las múltiples puertas de entrada al aprendizaje. Porque no hay una sola puerta de entrada. Hay mil. Mil puertas de entrada, mil lenguajes.

Creemos que en los primeros años de vida de un niño, nuestra tarea principal como mediadores y facilitadores es poder proponer, presentar y sugerir materiales y actividades que permitan a los niños tener registros en su ser de las más diversas experiencias.

Recordemos aquí que la secuencia que promueve la autonomía en educación inicial comienza por presentar los elementos y demostrar cómo se hace, para pasar a hacer junto con el niño, para luego acompañarlo a través de consignas verbales y finalmente sostener con la mirada y la palabra que el niño pueda hacerlo solo y/o en grupo.

Queremos compartir que ya hace muchos años recibimos un video con un encuentro departamental de jardines de infantes en torno al ajedrez por parte de la maestra Guidaí Pereira (compañera de Mario Dávila) en el departamento de Treinta y Tres. Y que nos consta el permanente trabajo de la Prof. Johanna Penalvo en su jardín Haditas y Duendes en Montevideo. Y la labor metódica y sistematizada de Esteban Jaureguizar en el Colegio Vaz Ferreira. Y los niños que juegan ajedrez en los espacios de juego del Centro Educativo en Playa Pascual.

Encuentro Departamental de Jardines de Infantes. Treinta y Tres 2009
Niños de grupo familístico saludándose para «comenzar una partida».
Ajedrez construido en familia realizado con frasquitos de perfume.
Jardín Haditas y Duendes. Montevideo, 2015

La profesora Johanna tiene la modalidad de trabajar con niños de 4 y 5 años todos integrados en un grupo familístico. De esta forma los niños disfrutan mucho de manipular y ordenar las piezas en su posición original en el tablero mural. Y teniendo en cuenta a las familias de los niños, se planteó en el 2015 la creación y construcción colectiva de piezas y tableros desarrollando lazos de participación y compromiso entre todas las familias del jardín.

Teniendo muy presentes como puertas de entrada al conocimiento las áreas expresivas y artísticas. Porcelana fría, colores, brillantinas, estecas, y tules nos invitan a modelar y a pintar desde un disfrute estético de la cosa ajedrezada.

En un viaje a Uruguay Leontxo García pudo apreciar la tarea de Esteban con los más chiquitos, poniendo el acento en la sistematización y progresividad de las experiencias que se plantean de forma casi personalizada, en grupos pequeños y en periodos de breves minutos.

Proceso de construcción del concepto «correspondencia pieza-casilla».
Centro Educativo de Playa Pascual. Ciudad del Plata, 2009

En el Centro Educativo de Playa Pascual los niños ya están habituados a la presencia de tableros y piezas en todos los salones, paredes, pisos y también al aire libre. Desde esa cotidianeidad los más pequeñitos se sensibilizan y experimentan con las piezas hasta ir construyendo progresivamente las correspondencias piezas-casillas. Y como los niños aprenden y crecen, terminan participando como los más pequeños en el XIII Encuentro de Ajedrez Escolar en Ciudad del Plata en el año 2011.

Lucila Fernandez Plá (5) y Magalí Pérez (5) del Centro Educativo jugando ajedrez en el XII Encuentro de Ajedrez Escolar. Ciudad del Plata, San José, 2011

Este ha sido un pequeño aporte para documentar y sistematizar algunas experiencias realizadas en Educación Inicial compartiendo también algunos pensamientos en torno a la enseñanza – aprendizaje del Ajedrez en las etapas iniciales de la vida. Creemos que en Educación Inicial el acento debe de ser puesto en el carácter eminentemente lúdico del juego. Y en sus posibilidades expresivas y artísticas. Andamiando sobre estos cimientos las cuestiones más simbólicas del juego. Esta es la mirada que enunciamos y compartimos, sabiendo que pueden existir otras miradas, diversas e interesantes. Tan válidas como las que proponemos.

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